Siguiendo mi costumbre de los últimos tiempos ayer no vi el partido de Copa del Rey frente al Albacete, librandome así del enesimo ridículo del otrora orgulloso y gran club. Sin embargo, si pude evitar el bochorno que se vivió en el campo, no pude hacerlo respecto al que tuve que soportar en la grada donde habita la también otrora orgullosa y gran afición del Aleti.
Así, cuando puse la televisión para ver lo único que me interesaba, la explosión de justificada rabia e indignación de la gente, me encontré con que esta se producía, pero lo hacía mayoritariamente contra el objetivo esteril, los jugadores y el entrenador, y minoritariamente contra los verdaderos culpables, los delincuentes prescritos que anidan en la dirección del club. Cuando se oían los canticos de la afición, las referencias a los jugadores y a Manzano se oían con nitidez, sin embargo cuando eran contra el palco, el tono bajaba. Igualmente, cuando la radio se refería a la gente que bajaba a la entrada de vestuario para increpar a los jugadores y Manzano, mentaban una muchedumbre que se arremolinaba en el lugar, mientras que cuando hablaban de los que se volvían al palco, hablaban de "también algunos"
He llegado a la conclusión de que la afición del Aleti es como las antiguas escopetas de feria, que tenían desviado el tiro, y como consecuencia el resultado solía ser que la pared del fondo de la caseta recibía la mayoría de los impactos, mientras que el palillo que debía ser el objetivo principal, quedaba normalmente inmune o con alguna pequeña muesca que no le impedía mantenerse en pie. Al igual que los antiguos feriantes manipulaban las escopetas para que saliera desviado el tiro, la familia Gil ha conseguido manipular a la afición con el fin de que desvíen el tiro del verdadero objetivo hacia otros completamente inocuos.
Es curioso escuchar como algunos aficionados y periodistas se refieren a los jugadores como los autenticos culpables haciendo ver que siempre se van de rositas. Cuando uno oye estas afirmaciones, y si no entendiera de futbol, podría pensar que los jugadores le vienen dados al club, como si crecieran en el cesped del Calderon y hubiera poco menos que asumir por imperativo no se sabe de quien, como un colectivo anclado en las entrañas del club que lo parasitara y fuera el culpable de 24 años de, salvo excepciones aisladas, tantos fracasos.
Sin embargo, si uno mira la alineación contra el Albacete, para cuatro jugadores, Diego, Miranda, Falcao y Adrian, este ha sido su primer año, para otro, Gabi, como si lo fuera, porque a pesar de ser un atlético de pro y haber estado anteriormente en el club llevaba varios fueras, otro mas, Asenjo, estuvo cedido, Juanfran y Koke llegaron al equipo a mitad de la temporada pasada, Filipe Luis y Godin al principio de ella y solo Assunsao, lleva lo suficiente como para culpabilizarle, aunque en estas dos última temporadas ha jugado poco. En toda la plantilla, sino me equivoco, solo este último jugador, Perea y Antonio Lopez llevan mas de cuatro años.
No deja de ser extraño que se les achaque el fracaso del club a unos recien llegados, y mas si tenemos en cuenta que, tal y como he dicho, los fracasos se llevan acumulando veinticuatro años. ¿Que puede llevar a jugadores que en algunos casos eran santo y seña de su anteriores clubes y conocidos por su implicación a venir aquí a vaguear y fastidiarnos?. Enorme misterio sin duda, al que se une, como no, el del malvado entrenador.
Cuando oigo y leo estas argumentaciones, me imagino uno de esos thrillers donde el protagonista debe investigar los asesinatos que cada año se producen una reunión anual. Finalmente revisa las fotos de grupo de cada año y se da cuenta de que todas las caras varían de año en año en año, salvo dos. La afición haría el papel del personaje absurdo que a pesar de las evidencias no quiere aceptarlas, achacando la culpabilidad a otros. "Pero ese falta en quince fotos", le espetaría el protagonista, pero a pesar de eso seguiría sin verlo.
De esta forma, la afición ha pasado de sufridora a responsable al mismo nivel que cualquiera de los demás colectivos, menos quizás la dirección del club. Su actitud pasiva y acomodaticia con su papel de perdedora simpática le ha llevado a pasar de ser un ejemplo a ser un esperpento.
Para acabar de arreglarlo en estos días tuvimos también la enésima autoentrevista del hijo de la bestia, donde supuestos periodístas, o mas bien mamporreros, dejan que este absurdo personaje se dedique a justificar lo injustificable sin poner ni la mas mínima intención crítica en ello. El papelon de cierta prensa en esto es también digno de mención. "Los dirigentes ni jugamos ni entrenamos", dice el veterinario sin despeinarse.
Con el fin de dignificar un poco el oficio, pongo como siempre aquí dos enlaces de dos grandes átleticos y periodistas:
SALUDOS.
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