martes, 4 de octubre de 2011

Fin de fiesta en Cataluña.

Hace dos semanas asistimos al fin de la fiesta de los toros en Cataluña, merced a la ley del Parlamento de Cataluña aprobada hace unos meses y que prohibía esta fiesta. La iniciativa de esta prohibición no vino desde los círculos políticos catalanes, sino que era una iniciativa popular promovida por la plataforma PROU, creada específicamente para esta iniciativa, y que la forman varias organizaciones contra el maltrato animal.
La verdad es que en principio todo el proceso aparece como impecable, plataforma ciudadana que reúne las suficientes firmas como para promover una iniciativa popular que se discuta en el Parlamento. Este la acepta, la debate y finalmente la aprueba por mayoría absoluta.
Impecable, como he dicho, cualquier testigo que no hubiera seguido el día a día de todo este proceso pensará que dentro de un debate social sobre la moralidad de torturar a un toro hasta morir para solaz de las masas, se presentó la iniciativa, y el Parlamento, también mediante un debate que se extendió a los medios de comunicación decidió tras un sesudo análisis sobre este punto.
No podría estar más equivocado.
Desde un principio el debate ha estado contaminado, que es lo que suele pasar cuando los políticos toman parte en algo, y como políticos no solo me refiero a los que ejercen directamente esa profesión, sino también a los que participan en los distintos medios de comunicación.
Al final, en todo este debate ha parecido que había tres posturas:
La de los nacionalistas catalanes, deseosos de soltar cualquier amarra con el estado español, obviando la tradición torera, aunque en franca retirada, de Cataluña  y que han quedado en evidencia cuando se les ha preguntado por los “Correbous” que se practican Tarragona.
La de los nacionalistas españoles, para los cuales los Toros son España, y Cataluña, por supuesto, también.
La de los taurinos, que no deja de ser sorprendente, ya que han centrado sus argumentos en el ataque a su “libertad” que supone esta prohibición, aderezándolo con motivos económicos y culturales. Y es sorprendente, como digo, porque supondría que la libertad sería un derecho absoluto, sin que pudieran coartarlo las consecuencias o perjuicio que el acto “libre” pudiera suponer. Como si la oposición a este tipo de espectáculos se basara en el rechazo de los contrarios a ellos por motivos estéticos o caprichosos. Pero no solo eso, sino que también serían derechos absolutos el beneficio económico y la actividad cultural.
Ha quedado, sin embargo, arrinconada de este debate, la postura de los defensores de los animales o anti taurinos, el hecho de que el espectáculo taurino se base en torturar hasta la muerte a un animal para entretenimiento de los aficionados.
Porque, aun siendo yo una persona alejada del mundo  del toro, a pesar de que siendo español siempre algo te queda, y quizás no entenderlo en toda su esencia, de hecho yo pensaba esta era, aún arriesgando, que el toro no te cogiera y mira Jose Tomás, no puedo dejar de ver que el toreo consiste en ir quitando fuerzas al toro, ya sea mareándole, pinchándole o picándole, de forma que llegue a un punto donde se le pueda matar mediante una estocada.
Y ahí ha estado, en mi opinión, el gran error de los anti taurinos, han puesto por delante el fin del espectáculo, aceptando sospechosos compañeros de viaje en una clara visión cortoplacista, sin tener en cuenta las consecuencias de ello. A no ser, claro, que no solo sean anti taurinos, sino que realmente sean anti taurinos catalanes exclusivamente, en este caso el éxito ha sido rotundo.
Y digo me parece un error porque lo que puede considerarse como un gran triunfo en Cataluña va a condicionar, en mi opinión este tipo de debates e iniciativas en el resto de España. Todo este proceso al final ha quedado como un ataque prohibicionista, liberticida, y antiespañol a una de las esencias del país.
De hecho, todo el debate tanto político como social sobre este asunto en el resto de España se ha basado principalmente en estos aspectos, permitiendo así que nuestra insigne presidenta Esperanza Aguirre, liberal y patriota ella, se haya pasado por el arco del triunfo una iniciativa similar por parte de la asociación “El Refugio” de la cual, después de recoger más de 50.000 firmas, no se ha vuelto a saber.
Esperemos que con el tiempo los ardores patrioteros se pasen, y vuelva la compasión hacia el sufrimiento del toro. Después de todo, la “fiesta nacional” cuenta cada día con menos adeptos en España y solo la vena nacionalista puntual puede salvarla.
SALUDOS.

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