Ayer tomé una decisión muy dolorosa para mí, me di de baja como abonado del Aleti tras 26 años como abonado.
Entiendo que para algunos sea absurdo este sentimiento de fidelidad y amor por unos colores, pero para otros significa mucho. La pasión por un equipo de futbol ocupa esa parte irracional de nuestra mente donde no hay que dar grandes argumentos ni explicaciones, donde se puede decir hoy una cosa y mañana la contraria, donde se puede odiar y amar sin causa justificada aparente.
Es cierto que los futboleros muchas veces nos recreamos en estadísticas, tácticas y supuestos valores permanentes, pero lo cierto es que es una pose, lo que te gusta del futbol son esas discusiones que llegan al absurdo, poniendo a caldo al contrario o incluso al propio, analizando y deformando jugadas y decisiones arbitrales hasta que justifiquen nuestros argumentos. Si estas discusiones además son en un bar, con unos botellines delante, mejor que mejor, según va subiendo el número de cervezas va bajando el nivel intelectual de la conversación y volviéndose, porque no decirlo, una vez arrinconados los racionales, mucho más interesante.
Los del Aleti además nos habíamos creído siempre distintos, como tocados por una varita que nos hacia románticos, irregulares y auténticos. Frente a nosotros el poder omnímodo madridista, corrupto y altanero, el nacionalismo llorón y eternamente agraviado del Barsa, el menos llorón y provinciano del Athletic, el quiero y no puedo del Valencia…
Y en esto llegó el, el innombrable, con su populismo, su estilo hortera y fanfarrón que caló en una afición que sufría en aquella época una crisis institucional que coincidió con la progresiva retirada y muerte del santificado Vicente Calderón.
En mi descargo diré que nunca me gustó el innombrable, le conocía de Los Ángeles de San Rafael y sabía cuál era su estilo. Todavía recuerdo años antes viajando en tren camino de Segovia, me tenía que bajar en la parada siguiente al apeadero de Los Ángeles, y con esa obsesión que tenemos algunos de que no nos va a dar tiempo a bajar del tren, me levanté como siempre una parada antes de la mía, y allí estaba un chaval esperando para bajar. Ya desde los ventanucos de la puerta se veía el fondo raro, pero cuando se abrieron las puertas el panorama fue desolador, habían cortado la luz a toda la urbanización, solo se veían las luces de emergencia de las casas, puntitos de luz esparcidos por el campo que hacían todavía más patética la imagen. Recuerdo la cara del chico como pidiéndome ayuda, sin saber si bajarse o seguir a algún sitio donde, como poco, hubiera electricidad.
Reconozco sin embargo que el golpe de efecto del fichaje de Futre y de ir con él a la final de la Copa del Rey de Zaragoza, pagando además trenes para el Frente Atlético hizo tambalear mis convicciones, sin embargo pronto el innombrable me dio la razón. Se dedicó a hacer fichajes efectistas, de jugadores con muy buen nombre pero en el último tramo de su carrera, creando, como fue norma en su mandato y después en el de su hijo una plantilla descompensada y carente de toda planificación, palabra está tabú en toda la época de la familia Gil en nuestro maltratado club.
Reconozco sin embargo que el golpe de efecto del fichaje de Futre y de ir con él a la final de la Copa del Rey de Zaragoza, pagando además trenes para el Frente Atlético hizo tambalear mis convicciones, sin embargo pronto el innombrable me dio la razón. Se dedicó a hacer fichajes efectistas, de jugadores con muy buen nombre pero en el último tramo de su carrera, creando, como fue norma en su mandato y después en el de su hijo una plantilla descompensada y carente de toda planificación, palabra está tabú en toda la época de la familia Gil en nuestro maltratado club.
El año siguiente fue la confirmación de las peores perspectivas. Con la inconfesable idea de que todos los jugadores de la plantilla fueran fichados por él, cediéndoselos al club y generándole una deuda que le permitiera descapitalizar a este, el innombrable comenzó el desguace del Aleti. Uno de sus primeros pasos fue el traspaso de los que en ese momento eran quizás los mejores jugadores de la plantilla, Alemao, Salinas y Eusebio.
Los tres traspasos fueron una muestra clara de la forma de actuar de este individuo. El caso del brasileño, traspasado al Nápoles, en donde triunfaría con Maradona, fue una muestra del desprecio que sentía por la afición además de su total ignorancia sobre el futbol. El innombrable puso como excusa para el traspaso de Alemao el tópico tan manido entonces sobre los brasileños de jugadores talentosos pero irregulares. Según él, Alemao jugaba bien cuatro partidos de cada cincuenta. Sin duda no sabía, haciendo gala de una ignorancia futbolística extrema, que este jugador era uno de los primeros en la lista de mediocentros brasileños que rompieron con el tópico de jugador carioca, y que destacaron por su regularidad y buen rendimiento, como por ejemplo Dunga, Mazinho o Mauro Silva.
También fue muy esclarecedor el traspaso de Salinas y Eusebio al Barsa. Aquel año el equipo catalán dio paso a una política de fichajes que junto a un estilo ofensivo y un buen tratamiento de la cantera todavía le está dando excelentes resultados. Fichó en distintos clubes por pareja, Baquero y Beguiristain de la Real Sociedad, Valverde y Soler del Español y Salinas y Eusebio del Aleti, sin embargo, el precio a pagar por los jugadores del Aleti fue muy inferior que el de los otros dos clubes, ¿La razón?, el innombrable pidió el pago a tocateja, lo que supuso que fuera bastante más barato.
El innombrable recuperó, por tanto, pronto su inversión inicial, y, como ocurrió durante todo su mandato, no perdió ni un solo euro, entonces pesetas, en la operación.
Sangrantes fueron también las salidas de jugadores y trabajadores del club, no conformándose con echarlos, sino también acusándoles a cada uno de conductas inmorales. Del doctor Ibáñez dijo que aprovechaba la conducta del club para consulta privadas, de Quique Setien que llevaba una vida desorganizada, también salió Quique Ramos, historia viva del Aleti… Especialmente triste fue la salida de Juan Carlos Arteche, capitán y símbolo del Aleti, uno de los pocos que se enfrentó a él y del que dijo que era el cáncer del vestuario.
Entre traspasos y despidos, la plantilla del Aleti se quedó prácticamente sin jugadores de referencia tanto desde el punto de vista deportivo como moral. Solo quedó Tomas Reñones, que pagó cara su lealtad a semejante individuo ya que posteriormente le acompañaría a Marbella donde llegó a integrar el ayuntamiento de Marbella y actualmente está implicado en el caso Malaya, siguió en equipo.
La intención del innombrable al acceder a la presidencia del Aleti era la de darse a conocer. El era, reconocido por el mismo, aficionado al Athletic de Bilbao, como otros tantos castellanos y lo único que le interesaba era la difusión mediática del club. Dicen que lo había intentado antes en otro equipo de la ciudad, pero no lo había conseguido. El Aleti era la victima perfecta, había perdido a su referente durante muchos años, Vicente Calderón y se encontraba, como ya dije, en una crisis agravada por la presencia en la presidencia de un personaje como Alfonso Cabeza.
Y para darse a conocer tenía dos opciones, la primera, más larga y costosa, tanto en tiempo como en dinero, hacer un gran equipo en base a una buena gestión. Demasiado tiempo para una persona como el innombrable, así que eligió la segunda, acceder a una cuota importante de los medios de comunicación en base a golpes de efecto. De esta forma, todas las semanas nos regalaba con grandes escándalos, con declaraciones populistas sobre la corrupción de la Federación y el favoritismo de otro equipo de la capital (¿Os suena?), con despidos fulminantes y contrataciones fulgurantes de entrenadores, con cambios masivos en la plantilla del equipo…
Pero tras todos estos fuegos artificiales se escondía una realidad mucho menos brillante, la carencia de todo tipo de planificación o estrategia en el club. El primer equipo iba descomponiéndose en base a plantillas descompensadas y sin ninguna cohesión por falta de referentes, la cantera fue siendo poco a poco abandonada hasta llegar a su disolución, las secciones de otros deportes, empezando por el hockey hierba femenino y terminando por el glorioso balonmano, desmanteladas y perdidas para siempre, en definitiva, el club fue siendo descompuesto poco a poco.
¿Y qué hacía mientras tanto la otrora orgullosa afición?, pues estaba anestesiada, cegada por la personalidad del innombrable, por sus alocuciones refiriéndose al sentimiento rojiblanco, que en boca de este individuo se convertía en una auténtica religión basada en el sufrimiento y los agravios. Mientras la afición cantaba el “Y tal, y tal”, la familia Gil desmontaba su club.
Y sin darse cuenta, la “mejor afición del mundo”, perdió hasta la propiedad de su club, del que siempre se había sentido dueño, en base a la lamentable conversión a Sociedad Anónima Deportiva.
El innombrable preparó con cuidado su estrategia, porque tras esa apariencia de personaje impulsivo e incontrolable, había una mente calculadora. Subió los abonos hasta hacerlos los más caros de la Liga con diferencia, lo que redujo el número de socios hasta casi diez mil, expulsó a muchos de los atléticos conocidos que le habían planteado oposición, puso mil y una pegas para la compra de acciones, amén de no convocar las preceptivas elecciones a presidente del club que se debían haber celebrado con anterioridad a la conversión.
Lo cierto es que cuando llegó el momento de la conversión y la compra de acciones la mayoría de los atléticos no acudieron a ella, unos porque seguían cegados a pesar de la cruda realidad, otro porque habían abierto los ojos pero se les había puesto mil pegas para adquirir acciones, los que tenían dinero, porque sabían dónde iba a acabar todo lo que pusieran, y los que no lo tenían, pues por eso mismo.
De hecho, habiéndose hecho el innombrable con el 94,5 de las acciones, la cantidad restante, fue a parar a sus propias arcas en vez de a las del Aleti. Pero no era una persona que se conformara fácilmente, y pensó que por qué iba a tener que pagar por las acciones que había adquirido, de esta forma presentó unos pagarés como garantía de pago que nunca ingresó en las cuentas del club, sino que devolvió al banco.
Por si alguien no me cree, aquí dejo la sentencia que lo demuestra y también debería avergonzar a la justicia española ya que, una vez reconocido el delito, su lentitud permitió que este prescribiera.
http://www.galeon.com/vda/sentencia.pdf
http://www.galeon.com/vda/sentencia.pdf
A partir de aquí el Aleti entro en un peligroso círculo cerrado de temporadas mediocres y resultados lamentables, incluso con coqueteos al antes impensable descenso a Segunda División. Y cuando las cosas peor estaban, ¡El Doblete!, una increíble temporada donde con un entrenador y una plantilla mas que cuestionables, se consiguieron los títulos de Liga y Copa.
Esta gran temporada no descansaba de ninguna forma en una concienzuda planificación, ni mucho menos, y como se demostró poco después fue un paréntesis en una lamentable gestión. Cualquier otro dirigente mínimamente competente hubiera aprovechados el impulso para hacer un gran equipo, sin embargo, en vez de reforzar la plantilla, corta para más señas, para seguir compitiendo por la Liga y disputar la Liga de Campeones, el innombrable y una figura que se empezaba a intuir detrás de él, menos oronda pero igual de siniestra, la del Hijo de la bestia, decidieron no gastarse un duro, dando la baja a Lubo Penev, pichichi del equipo y fichando a delantero reserva de otro equipo de Madrid, Esnaider.
De esta forma, el equipo fue cayendo de nuevo en la mediocridad anterior, y en base a la gestión del Hijo de la bestia, todavía peor que el padre, a coquetear de nuevo con el descenso, que para sorprendente sorpresa de todos, finalmente llegó.
La famiglia Gil encontró excusa para el descenso en la intervención que decidió el juez y que conllevó la intervención judicial llevada a cabo por Rubí, y buena parte de la afición, cada vez menos, se lo creyó.
Ciertamente una intervención judicial no es el mejor ambiente para llevar cabo una buena temporada, pero la famiglia se olvidó decir a sus cada vez menos incondicionales el equipo el año pasado había de nuevo jugueteado con el descenso, y que esa misma temporada el equipo estaba cerca de los puestos peligrosos. Tampoco que la intervención fue provocada por su indecente gestión.
La justicia llevaba ya un tiempo detrás de la forma de actuar del innombrable, y sin duda el traspaso de José Mari al Milán, estando el equipo como estaba, y la negociación para traspasar también a Chamot, provocaron en el juez una idea de desmantelamiento del club y la decisión de la intervención. Justificada, por tanto, la intervención judicial, sería menos comprensible la decisión de devolver el club a sus ilegítimos dueños.
Una vez descendido el equipo, podría haberse utilizado la situación, como hicieron otros equipos como Valencia o Sevilla, para regenerarse, limpiarse y volver con más impulso. Pero la famiglia decidió que lo mejor era hacer campañas publicitarias, campañas que mostraran lo gracioso e interesante que era estar en Segunda para demostrar lo buena afición que éramos.
De esta forma, cuando tras dos años en el infierno, el equipo ascendió, el problema fue la solución, vamos, que siguiera la famiglia al frente con la representación del Hijo de la bestia. Con el innombrable, la política fue la de fichar sin perder nunca dinero, lo que se fichaba se traspasaba después por más dinero. El hijo decidió perfeccionarlo, apoyado en ciertos representantes, convirtió el equipo en una empresa de compra y venta de jugadores. Así, jugadores que en otro tiempo no habrían servido ni para el filial, ahora eran la base del equipo.
Decidió también que, dado que vivíamos en el país del ladrillo, debíamos hacer algo con unos terrenos tan golosos como los del Calderón. Primero se construyo en los terrenos donde antes los atléticos aparcábamos, para promover en nosotros, sin duda, el uso del transporte público.
Eso sí, nos regaló con la ciudad deportiva virtual más moderna del mundo, la cual va enseñando a todo el que quiere verla, entre ellos sus amigos los representantes de futbolista, que le eligieron mejor dirigente del año pasado.
También nos permitió a los atléticos conocer toda una terminología empresarial, tan hueca como rimbombante, y palabras como “alianza estratégica”, “consolidación patrimonial” “cuentas de resultados”, (Que significa que como es un inútil económicamente hablando, tengo que vender a un jugador a mitad de temporada para recuperar las perdidas, eso sí, luego traigo a uno de mi colega el representante que vale el doble) o las temidas “reestructuraciones”, (Que viene a ser que lo que se me ocurrió ayer hoy ya no me vale, ya que hoy he tenido otra ocurrencia) pasaron de ser parte de la jerga de un determinado oficio, a producir un escalofrío cada vez que las oíamos.
Y aquí nos encontramos después de tantos años, desde el fatídico día que el innombrable entro en nuestro club, con un primer equipo hundido en la mediocridad una vez que se ha pasado los fuegos de artificio de la Europa League y la final de la Copa del Rey de la temporada pasada y la Supercopa de este. Y no hacía falta ser un experto para saber que no eran más que eso, fuegos de artificio, solo había que mirar las competiciones con las que iniciamos la temporada pasada, novenos en Liga habiéndonos acercado a las posiciones de descenso, empatados en el grupo de la Champions con un equipo chipriota al que no fuimos capaces de ganar y al que eliminamos gracias a haberles metido un gol en casa y finalistas de Copa enfrentándonos a un único equipo de Primera, el Racing.
A pesar de todo, un dirigente medianamente inteligente hubiera aprovechado el impulso de la Europa League y la Supercopa para consolidar un proyecto de futuro. Pero aquí las palabras “proyecto” “futuro” y “planificación” provocan urticaria en nuestro amigo veterinario, y decidió que si alguien podía fastidiar una temporada ilusionante era él, y traspasó en el último momento a un jugador que a mí no me gustaba, pero lo que es importante, al entrenador si, Jurado.
Y como la cosa no iba lo suficientemente mal y el equipo no se hundía decidió que lo mejor era traspasar a Simao, uno de los capitanes e impulsores anímicos de la plantilla, ahorrándose el sueldo y recibiendo un pequeño traspaso que le permitió traer a jugadores de la calidad de Elias o Juanfran, que costaron entre los dos, once millones.
¿Resultado?, el equipo termina séptimo y gracias, clasificado para la ronda previa de la Europa League, Agüero (en adelante “La rata”) se cansa de tantas temporadas perdidas decide irse, pero es tal el desprestigio del club y la falta de respeto que genera, que un jugador que decía ser un atlético más, decide irse por las bravas, por las bravas y posiblemente a otro equipo de la ciudad que no destaca precisamente por sus buena maneras en otros asuntos y que junto a sus representantes y su en otro tiempo respetado jugador, ha empujado a este individuo, la rata me refiero, a humillar al club y a su afición con una conducta desdeñosa e impropia con un club al que ha dado mucho, pero del que también ha recibido.
¿Se hubiera atrevido en otro tiempo un jugador a hacer esto?, y no me refiero a irse, que es comprensible cuando el club no ha sido capaz en cinco años de hacer un buen equipo alrededor de un extraordinario jugador, ni a irse a otro equipo de la ciudad, que es también normal cuando no se tiene entrañas ni corazón y no pasa uno de ser un vulgar mercenario, sino a hacerlo con un respeto y unas formas que hasta el traidor mexicano mantuvo en su momento.
Creo que no sinceramente, y eso provoca que un chaval que se dice atlético de toda la vida y que lleva solo dos años en la élite, haya elegido dejar este club sin apurar hasta el máximo las posibilidades de triunfar en tu club, tal y como hizo en su momento Fernando Torres. Y no digo que anteriormente este club fuera el destino final preferido de todos los jugadores, pero sí que tampoco era una parada más en el camino. Este club enganchaba a los de fuera y enorgullecía a los atléticos que tenían la suerte de jugar en él, y solo después de haber apurado todo lo que él te daba, se planteaban seguir su camino, cuando lo hacían.
Y llegados a este punto, uno se pregunta, ¿Qué hago? ¿Sigo o no sigo?, sino sigo habrán triunfado ellos, que me han echado de mi casa y se quedarán con la masa acrítica en que se ha convertido la del Atleti. Porque esa es otra, la antes orgullosa, fiel y critica afición atlética se ha convertido un rebaño que fue manejado a su antojo por el innombrable, lo cual es hasta cierto punto comprensible dadas las habilidades del sujeto y lo permeables que solemos ser las personas al populismo barato, y actualmente es zaherida y humillada por el Hijo de la bestia y el Pelucas, lo cual es bastante menos comprensible dada la incapacidad no solo gestora sino comunicativa de semejantes elementos.
La afición atlética ha confundido la fidelidad con el conformismo, el sentimiento con la religión y el animar con el balar. No distingue el ser el “pupas” entre los grandes a ser el mediocre entre los pequeños, entre ser el equipo simpático e irregular y ser el patético y perdedor, ni entre haber perdido posiciones con el Barsa y otro equipo de la ciudad a hacerlo con equipos a los que hace años mirábamos desde arriba.
¿Hay esperanza?, la hay. Hoy por hoy quedan pocos, muy pocos que defiendan la gestión del hijo de la bestia, y existen asociaciones y foros críticos con la famiglia, aunque a pesar de su incansable trabajo tengan poco poder de convocatoria. También existen bonitas iniciativas como la de la recuperación de los valores atléticos a través de clubes gestionados por sus socios.
Pero también hay grandes obstáculos, como la indiferencia, el fatalismo y la promotora de ellos, la prensa, en adelante la “canallesca”. La “canallesca” deportiva ha caído en fundamentos éticos y credibilidad al mismo nivel que el resto. La gente ya no acude a los medios de comunicación a recibir información, sino a ver qué es lo que alguien, que comparte su ideología o es seguidor del mismo equipo de futbol tiene que decir, no quieren informarse, quieren que se les refuercen ideas que ya tiene preconcebidas.
El periodista deportivo, al igual que el resto, ha perdido toda idea de dar una información veraz u objetiva y lo que quiere es alimentar a una manada de forofos ávidos de la sangre del contrario. En el caso del Atleti, los periodistas encargados de la información del club han ido empequeñeciendo sus expectativas y actitud crítica al mismo ritmo que el resto del club, y de esta forma, una caterva de plumillas de cámara nos explican las bondades de la gestión del club, lo ilusos que somos de querer competir con el Barsa y otro equipo y los ímprobos esfuerzos de nuestros dirigentes por sacar al equipo adelante a pesar de las dificultades.
Ayer la estructura profesional alejada del sentimentalismo llevada a cabo por Miguel Angel Gil era la solución a nuestros males igual que hoy es imprescindible la vuelta de personas de indudable pedigrí atlético, con el fin de recuperar unas esencias que la anterior gestión profesional , puesta ahí por quien sabe quien, no podía llegar a entender.
Durante las últimas tres temporadas el argumento de “no me pueden echar”, ganó frente al de “No puedo seguir alimentando esto” que se fue abriendo paso en mi cerebro y que este año se ha impuesto. Porque he llegado a la conclusión que el actual Aleti, la Marca como le gusta llamarlo al Hijo de la bestia, es un cuerpo parasitado y que todo lo que eche no alimenta al cuerpo, que cada día está más débil, sino al parásito.
El último empujón, aunque la decisión estaba tomada, me lo dio la carta de Juan Luis Cano en un periódico deportivo, “Papa porque me hiciste del Atleti”. Reconozco haberla utilizado de forma egoísta para justificarme, pero no pude evitar sentirme reflejado en ella.
Como diría aquel, no es un adiós, sino un hasta la vuelta, seguiré ahí, colaborando en la medida de mis posibilidades en el desalojo de los que ilegítimamente ocupan la dirección de nuestro querido Aleti, y esperando volver a ver un Aleti, sino pleno de títulos, si de orgullo y decencia, algo que hoy por hoy, somos muy deficitarios.
SALUDOS.
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